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Primer destello: evento callejero.

Rex Campos, directora del colectivo

En mi reflexión, parece que las pláticas cuando se está lejos de casa y entre amigos son poesía, así mismo, una charla de madrugada se vuelve la lucecita de nuestra juventud que, en las palabras usadas en algún campamento previo a la vuelta a la realidad: “Ojalá nunca se acabe”.

Las “chispas” de las que tanto hablo desde hace ya un rato, fueron esa partícula de fuego que se queda ardiendo y logra que el carbón encienda, a paso lento pero constante, una de esas “brujas” o bolas de fuego que se observan a lo lejos entre los cerros, que despiertan una curiosidad intensa.

Se incendió la iniciativa de dejar marca en el mundo de las artes, sin embargo, a pesar de que una de mis aficiones sea la escritura, no considero que tenga la habilidad de muchos de transmitir con facilidad las emociones, por lo que preferí ser de las que calla, observa y aplaude.

Parte importante de la experiencia que tengo como gestora la adquirí a través de ese silencio la observación que conlleva, es posible seguir un mapeo o diagrama para gestionar eventos culturales, sin embargo, sólo la práctica da la verdadera muestra de lo que es llevar a cabo la organización de un evento de difusión cultural.

La observación de eventos organizados en las plazas leonesas, en la Escuela de Música de León, los conciertos difundidos por ellos, las muestras públicas de arte en los parques y plazas de Guanajuato, las exhibiciones gratuitas para estudiantes, todo es parte del museo mental que compone mi experiencia en el medio artístico.

En cuanto nos dejaron salir más seguido, cuando ya no era tan mal visto andar por las calles, una voz dentro de mí me pidió que hiciera algo. El ser humano siempre ha querido dejar marca, por eso me causan tanta ternura las fotografías de arte rupestre y más tarde los grabados de otras civilizaciones a manera de grafiti, que dejan su nombre, su esencia en algo, estoy aquí, estuve aquí.

Es hasta tierno pensar en que no hemos dejado de ser eso mismo, un ser que quiere dejar marca, no sé en qué recae la necesidad de gritar que sí existimos, es la misma pregunta de la filosofía antigua que nos persigue, que no nos deja en paz ¿Existimos? ¿Por qué? ¿Con qué finalidad?

No hallo una mejor manera de justificar nuestra existencia que hacer algo que preserve el grito de otros como nosotros y eso precisamente es la gestión cultural.

Sergio, que no solo es importante para mí sino también para el proyecto de Luces del mocerío y su desembocadura en Letras Jóvenes, una vez me preguntó: “¿Por qué la gente se casa?”  Y la respuesta más lógica o más rápida que llega a la mente de todos es “porque se aman” y si bien es correcto, —dentro de los constructos sociales que hemos repetido durante años, con el matrimonio como la muestra de la culminación de un amor—, su respuesta me abrió el pensamiento un poco más alejado de lo que la tradicionalidad me dejó:

Las personas se casan porque se aman, pero también porque queremos dejar marca, a mí como a ti me gustaría dejar algo, un grito de que existí y si te casas con alguien y pasan toda la vida juntos, porque se supone que de eso se trata el matrimonio, tú serías testigo de mi existencia, de lo que hice, de que estuve presente en este mundo y yo sería testigo de todo lo que tú hiciste también.[1]

 Con esta idea en mente, resulta que la representación más fuerte de mi “estoy aquí” de ese momento, cuando decidí hacer algo tras pandemia, fue una publicación en Facebook, con las palabras “Hay que armar un evento de poesía ¿Quién jala?” de la manera más casual posible y la primera respuesta fue de Jacob Franco[2], un amigo que conocí a través de redes y que había coincidido en el mismo espacio en algunas fiestas.

Recurrí a la ayuda de Jacob porque considero que es una persona experimentada, conocedor de aquellas cosas que yo ignoro, lo vi como la voz de la experiencia, porque anteriormente había publicado algunas cosas referentes a recitación de poesía o grupos de lectura que se reunían de vez en cuando.

Jacob creyó en el proyecto de una noche para otra, muy repentinamente, en un par de horas y con mucho afán de también lograr algo a favor de la poesía en este mundo (y sobre todo en León), aunque fuera algo pequeño, sus palabras respecto al proyecto siempre están llenas de ánimos para los artistas participantes.

Sabemos que la disrupción de eventos culturales llega a ser monótona o a veces el enfoque no es segmentado de una manera correcta, y la interpretación de los lugares y actividades hacen que las voces joviales se sientan pertenecientes, que no es estrictamente un lugar que se encamina en línea recta, sino que, con cualquier tono disonante hoy día, podemos encaminarnos a la libertad de expresión artística y formalidad al mismo tiempo.[3]

Se tomó la decisión de que sería un evento en la calle porque queríamos que fuese lo más pronto posible y no había tiempo suficiente para reservar un lugar o negociarlo, por lo que lo hicimos en una pequeña explanada cerca del monumento a Gaona en el centro de León, de mano de Sergio y de Jacob.

Ya habíamos caminado un par de veces por la zona en la que se acordó que se llevaría a cabo el primer evento callejero y habíamos visto en múltiples ocasiones que se organizaban encuentros culturales en ese mismo espacio. Tuvimos la fortuna de aparecernos en varios eventos organizados por los integrantes y participantes de “mesa pública”[4], por lo que pensamos sería una buena idea solamente llevar extensiones y ese mismo día pedir permiso para conectarnos a la luz de una cafetería, Tierra latente.[5]

Lanzamos flyer[6] inmediato a la decisión, lo más conciso posible y esperamos registros a través de la plataforma de google forms[7], que se dieron sin problema, porque había muchos jóvenes hambrientos de poesía al igual que yo y así mismo, músicos que querían participar.

Era bien sabido que no existía una remuneración por la participación en el evento y aun así se ofrecieron voluntariamente varios músicos, amigos y desconocidos, como gestor es gratificante saber que siempre hay artistas que quieren dar a conocer su trabajo.

Entre estos músicos que deseaban participar en nuestro primer evento habrá nombres que se repiten a lo largo de los que siguieron después de este, como Fernando Ballesteros[8] o Eliu Macias[9].

Contamos desde entonces con la fortuna de que, así como llegó Jacob, nuestra presencia en redes sociales se volvió en parte importante para la agenda de la escena artística de león, casi como una especie de boletín cultural, por lo que llegó a varios rincones y personas de muchos círculos sociales que participaron con el registro dentro de la realización de nuestro primer evento.

Sergio se ofreció a llevar sillas plegables, equipo de sonido y su guitarra, siempre cargaba su guitarra. Cuando llegamos, acomodamos las sillas, dos bocinas y esperamos unos minutos; una a una comenzaron a llegar las personas que se registraron, hice una especie de pase de lista, no por formalidad sino porque tenía pánico de que mencionara a alguien en el programa que no hubiera llegado ese día y perdiéramos tiempo. Así fue que tuve que hacer ajustes al programa tentativo, si primero tal y quitar a tal otro porque no asistirá, ponerlo después del segundo break musical y borrar a este.

La adaptabilidad es una cualidad que suma bastante en el trabajo que es la gestión cultural, he aprendido que esta rama y el éxito de los eventos que surgen a partir de ella, depende de muchísimos factores, ya que todo se atraviesa y a pesar de pensarlo ya a este punto como algo de desarrollo profesional, seguimos siendo humanistas, no todo depende de organizar meticulosamente los eventos.

Muchas de las ocasiones en que un evento no da del todo la talla a lo quisiéramos que fuera, es porque nos cuesta adaptar los planes ya impuestos a las circunstancias que nos rodean, los imprevistos existen, los aparatos electrónicos fallan, las sillas de metal se vencen.

La gestión cultural es una rama que pertenece totalmente a los humanistas, porque no habría manera de gestionar un evento si no a través de la empatía y la capacidad de doblar un poco los planes.

Claro que es crucial saber prever todos estos incidentes, pero por algo se les dice “imprevistos”, no hay plan que te prepare para que llueva de la nada en un día soleado, en un venue[10] al aire libre, por lo que hay que improvisar y es lo que nos alimenta como “slammers”[11] o slamistas.

El slam nació como un concurso de improvisación poética, por lo que, si no aprendiéramos a trabajar con lo que se tiene en el momento en que truena un improvisto ¿Qué clase de artistas seríamos? Y ¿Cómo pretendería yo, como gestora cultural y que concentro la mayor de mi energía en poesía, no resolver de la nada algo precipitado? Trabajamos con humanos, por lo tanto, con sentimientos y la lluvia no es tan distinta de un poeta llorando de la nada porque el tema que rodea su poesía le ha abierto una herida que creería ya cerrada ¿Cómo obligas a alguien a leer frente a todos? Se rehace el programa y se continúa con el espectáculo.

Y con este argumento puedo mencionar que es muy complicado hablar de los nervios que había en el ambiente, pero a lo mejor yo era la única que se ahogaba en ellos, considero que el proyecto estaba muy bien cimentado, pero yo soy una persona sumamente ansiosa y el “qué será” siempre me gana, por lo que no soy capaz de traer a la vida al cien por ciento de la experiencia, porque disocio demasiado.

Los recuerdos que tengo de aquella tarde ya están difusos, respecto a la información de cuantas personas asistieron, sé que fueron más de las esperadas y en las fotos es bastante notable, Jacob dice que un señor que iba en bicicleta pasando apenas por ahí se paró a escuchar y se quedó varios minutos durante las participaciones de nuestros escritores, igual que un par de familias que seguro se dirigían al centro de la ciudad, con la idea de que “la poesía es para todos” resulta lo que más resonó en los recuerdos de nuestra primera aparición en la gestión cultural de la ciudad de León.

Desde aquel primer evento callejero nos encontramos con los rostros que nos acompañarían ya como si fuera tradición en todos los demás que le siguieron, Abril Guzmán[12], Martha Chávez[13] o Luis Rodríguez[14] quien comentó sobre los eventos realizados bajo el proyecto de luces del mocerío

Conocí a “Luces del Mocerío” gracias a un post en alguna red social, el concepto de la poesía recitada por y para un público joven siempre me pareció un motor para impulsar una ola de nuevos escritores. Recuerdo llegar al primer evento y toparme con rostros amigables y abiertos que inspiraban la confianza de leerles. Siendo lo lógico por el nicho de mercado que representaba, lo esperado era que a poca gente le interesará la oratoria de poemas, fue sorpresivo, sin embargo, como con cada nuevo participante; uno, al girar la cabeza, se iba encontrando con más transeúntes que se detenían por un segundo a escuchar, sin prejuicios, sin burlas, pura atención. Chicos y grandes.  Desde ahí el crecimiento en número de asistentes entre eventos fue una constante, el oyente era receptivo y el poeta le asignaba un peso simbólico al micrófono que tenía delante.  Sin buscarlo, “Luces” engrasaba los engranes mentales del escritor.  De modo que, a la distancia del tiempo, Luces del Mocerío se torna a lo más cercano que se ha dado a un movimiento con cuerpo y mente de poetas y escritores jóvenes con necesidades de expresar quiénes son, qué son y cómo lo quieren decir. Ahí su mayor valor, darles una voz amplificada a poemas que, de otro modo, solo existirían empolvados en libretas y blocs de notas.

Al momento de escribir este texto, la recopilación de comentarios basados en la experiencia de los participantes en los eventos fue totalmente positiva, entre ellos también están los comentarios de Martha, quien llegó a asistir tanto a los llevados a cabo en León como en Guanajuato capital.

La primera vez que participé en un evento de Luces del mocerío fue en Guanajuato. Fue divertido, las personas que estuvieron ahí lo volvieron muy ameno porque realmente estábamos prestando atención a lxs participantes. Estuvo muy lindo compartir el espacio con una buena variedad de poetas en Guanajuato. Algo que me gusta de Luces del mocerío es que tienen un espacio abierto para todxs, no importa si estás publicadx o no o si es la primera vez que te paras frente a un público.

A pesar de los nervios y los reajustes del cronograma que resultaron forzosos, el evento piloto salió de maravilla


[1] A partir de aquí todos los comentarios que se referencien como personales, fueron acopiados por comunicación vía oral o a través de redes sociales.

[2] Licenciado en administración de negocios enfocado en comunicación y entretenimiento. Baterista y productor de diversos proyectos musicales como “Revolver vendetta” o “Pointless lad”; gestor de eventos de difusión cultural y cofundador del proyecto “Luces del mocerío”.

[3] Acopiado de una conversación a través de WhatsApp.

[4] Organización sin fines de lucro que lleva a cabo “ejercicios culturales para impulsar la regeneración del tejido social a través del espacio público”, así descrito en su página de Instagram.

[5] Cafetería ubicada en Av. Américas no. 104, en el centro de León, Gto.

[6] Imagen de carácter publicitario.

[7] Software de administración de encuestas que se incluye en el paquete de uso gratuito de la plataforma Google.

[8] Licenciado en psicología en la Universidad de Guanajuato, además de participante en varios proyectos musicales bajo el seudónimo de “Baal”.

[9] Estudiante hasta el momento de la redacción de este documento de la licenciatura en economía industrial en la ENES león UNAM, artista independiente de música indie con influencias del jazz.

[10] Así se les llama a los foros o lugares en los que se llevan a cabo los eventos dentro del gremio cultural.

[11] Participantes en los eventos en formato de “slam”.

[12] Estudiante hasta el momento de redacción de este documento, en la carrera de Comunicación en la Universidad de León, fotógrafa y videografa, apasionada a la transmisión y canalización de experiencias personales en su poesía y fotografía.

[13] Estudiante en la Universidad de Guanajuato, de la carrera de Letras españolas hasta la redacción de este documento, participante activa de proyectos de alto impacto para las infancias como “Echando raíces” con la finalidad de fomentar la lectura en la periferia de Guanajuato. Escritora de poesía y publicada bajo la compilación de la revista digital Awita de Chale.

[14] Estudiante de mercadotecnia en la universidad de estudios profesionales de ciencias y artes (EPCA) hasta el momento de redacción de este documento, cantante del dúo musical “Las Flores”, en busca de una editorial que lance su poemario debut; “Danza la Criatura.”

 
 
 

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Ilustración de las letras principales de nuestro nombre como colectivo, con una lampara que representa la luz de la juventud
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